A pocos días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, el mandatario argentino, Javier Milei, se convirtió en una de las figuras más nombradas de la campaña electoral del vecino país. Mientras la oposición lo toma como referencia para su programa económico, el oficialismo lo utiliza como contraejemplo, en medio de un vínculo bilateral que atraviesa su nivel más bajo en décadas. Durante su reciente paso por Nueva York tras la Asamblea General de la ONU, el presidente argentino manifestó su deseo de que Brasil abandone el rumbo actual y expresó su apoyo al senador Flavio Bolsonaro, principal contendiente de Luiz Inácio Lula da Silva. La reacción desde el gobierno brasileño no tardó en llegar a través de cruces en redes sociales y declaraciones de funcionarios, que cuestionaron duramente al mandatario argentino. En el plano político, la figura de Milei actúa como un espejo ideológico que divide a las principales fuerzas brasileñas. Por un lado, el equipo económico del sector opositor reconoció que su propuesta se inspira en las políticas de desregulación y recorte de gastos aplicadas en la Argentina. Por otro lado, el oficialismo encabeza críticas centradas en los costos sociales del ajuste y en reformas laborales impulsadas por la administración libertaria. La escalada verbal incluyó cruces directos, descalificaciones mutuas y medidas diplomáticas poco habituales, como el llamado a consultas del embajador brasileño en Buenos Aires a mediados de año. Pese a esto, los canales diplomáticos continúan funcionando a la espera del desenlace electoral, cuyo resultado marcará el futuro de la relación entre ambos socios comerciales.

Fuente: La Nación