El 30 de octubre de 1960, en una humilde vivienda de Villa Fiorito, Dalma Salvadora Franco aguardaba la llegada de un nuevo integrante a la familia. Don Diego, su esposo, regresaba exhausto de trabajar en una molienda de huesos mientras la expectativa crecía en el conurbano profundo.

En aquel entonces, la vida cotidiana transcurría entre fábricas, dificultades económicas y la incipiente programación de la televisión y la radio. Mientras los diarios hablaban de política nacional, turismo y economía, el nacimiento que cambiaría la historia del fútbol mundial pasó desapercibido para los medios gráficos de la época.

Tras trasladarse con contracciones hacia el policlínico Gregorio Araoz Alfaro de Lanús, Doña Tota dio a luz al primer varón de la familia a las 7.05 de la mañana. Las enfermeras celebraron la llegada del bebé, que fue registrado oficialmente bajo el nombre de Diego Armando Maradona.

El regreso a casa se dio en la más absoluta tranquilidad, lejos de las cámaras y los flashes que rodearían su figura décadas más tarde. Solo el barrio de Fiorito se estremeció con la llegada del recién nacido que con el tiempo se convertiría en leyenda.

FUENTE: Olé