En agosto de 2013, Milagros Pérez Romero, una niña de cuatro años oriunda de Goya, atravesaba el momento más crítico de su salud en una clínica de Buenos Aires. Antes de que se enfermara, su madre le había prometido llevarla al teatro para ver a su ídolo, Diego Topa.
Ante la gravedad del cuadro clínico y la falta de respuestas, su madre decidió buscar al artista para cumplirle la promesa a la niña. Topa interrumpió sus compromisos y acudió al sanatorio para visitarla, donde le cantó una canción junto a su familia.
Días después de aquel encuentro, la niña sufrió muerte cerebral y falleció tras ser desconectada. Para sus padres, aquella visita quedó grabada como un gesto inolvidable en medio del dolor más profundo.
Trece años después, los padres de la niña continúan conmovidos porque el artista sigue recordando públicamente a Milagros. Cada vez que relata la historia en los medios, el animador se emociona al evocar el paso de la pequeña por su vida.
La familia debió atravesar un extenso camino de traslados médicos que comenzó en Goya, pasó por la capital provincial y continuó en Resistencia antes de llegar a Buenos Aires. En medio de la falta de recursos y diagnósticos precisos, la solidaridad del artista dejó una marca imborrable en la memoria de sus seres queridos.
