Los accidentes cerebrovasculares se producen cuando un coágulo o una hemorragia interrumpen la circulación sanguínea hacia el cerebro, lo que provoca la muerte de células neuronales. Actuar con velocidad resulta determinante, ya que por cada minuto que transcurre se pierden millones de neuronas. La falta de reconocimiento de los síntomas por parte de la sociedad suele marcar la diferencia entre la vida, la muerte o la persistencia de secuelas.
Entre los signos principales se encuentran la debilidad o parálisis súbita en un sector del cuerpo, la pérdida de visión, los dolores de cabeza severos y repentinos, además de dificultades para hablar o mantener el equilibrio. Especialistas recomiendan el método conocido como R.Á.P.I.D.O. para facilitar la memoria de estas alertas, que en el caso de las mujeres pueden manifestarse también mediante fatiga, confusión o debilidad generalizada.
Prevención y factores de riesgo
El control de los factores que incrementan las probabilidades de sufrir este evento constituye el principal método de prevención. La hipertensión arterial encabeza la lista de riesgos, seguida por el tabaquismo, la diabetes, el colesterol alto, el sedentarismo, la obesidad y ciertas arritmias. Si bien la edad avanzada incrementa las posibilidades, los especialistas advierten sobre un aumento de casos y muertes en personas jóvenes y de mediana edad durante los últimos años.
Frente a la aparición de cualquiera de las señales, los profesionales insisten en la necesidad de llamar a emergencias de manera inmediata para lograr el traslado a un centro médico preparado. En los últimos tiempos se ampliaron los márgenes de tiempo para aplicar tratamientos específicos como la administración de fármacos por vía intravenosa o la realización de trombectomías para extraer obstrucciones arteriales.
FUENTE: Clarín
