El interrogante sobre si es posible volverse adicto a los alimentos lleva dos décadas de investigaciones científicas sin una definición absoluta. Mientras la respuesta corta indica que no del todo, el análisis profundo sugiere que ciertas personas establecen un vínculo con la alimentación muy similar a una dependencia.
Comer activa los mismos circuitos cerebrales que las drogas, especialmente los relacionados con la dopamina y la recompensa. No obstante, a diferencia de las adicciones clásicas donde una sustancia específica actúa sobre el cerebro, los estudios no han identificado un nutriente puntual que genere dependencia por sí mismo en los seres humanos.
La conducta y el rol de los alimentos procesados
Ante la falta de evidencia sobre una sustancia causante, un grupo de especialistas propuso modificar el concepto hacia la adicción a comer, centrando el foco en la conducta y el comportamiento en lugar de prohibir ingredientes específicos. A su vez, los productos que combinan azúcar, grasa y sal estimulan intensamente el sistema de recompensa, facilitando el consumo excesivo.
Los especialistas advierten que la restricción alimentaria severa suele empeorar el problema al incrementar los antojos y los atracones. Por este motivo, comprender el fenómeno como una conducta aprendida permite enfocar el tratamiento hacia la superación del descontrol sin recurrir a prohibiciones extremas.
FUENTE: Clarín
