Desafíos comerciales tras la reelección

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva obliga a la administración de Javier Milei a definir su convivencia con el vecino país. Mantener una confrontación prolongada puede generar costos que no se reflejan de forma inmediata en la balanza comercial, pero que se traducen en negocios no concretados, proveedores excluidos e inversiones regionales sin participación argentina. La política industrial brasileña prioriza las capacidades nacionales a través de su plan lanzado en 2024, sin garantizar un espacio automático para los socios del Mercosur.

La relación bilateral atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la década de 1980. Aunque el intercambio comercial puede mantenerse, la falta de acuerdos en procedimientos sanitarios, certificaciones o proyectos productivos conjugará demoras que dejarán a la Argentina rezagada en decisiones difíciles de revertir posteriormente.

El alcance sobre las pequeñas y medianas empresas

El impacto abarca a un entramado que supera al sector automotor. Datos de CAME señalan que en 2024 un importante número de firmas nacionales exportó al mercado brasileño, con una fuerte participación de alimentos procesados y sin procesar. Para el sector manufacturero, la modernización industrial en Brasil representa una ventana para proveer maquinaria, tecnologías y componentes, siempre y cuando se logre una integración temprana.

Por su parte, los créditos del Bndes exigen estrictos requisitos de fabricación nacional para acceder a su financiamiento, lo cual excluye de manera automática a la maquinaria extranjera a menos que se negocien proyectos conjuntos. En paralelo, la cooperación fitosanitaria gestionada por organismos como el Senasa resulta vital para evitar demoras fronterizas que comprometan el valor de las mercaderías perecederas.

En el rubro de los alimentos, la modernización de la economía brasileña puede tanto dinamizar la demanda de insumos como potenciar a competidores más eficientes. Las dificultades en este escenario no solo afectan a las empresas exportadoras, sino también a toda la cadena de valor regional, incluyendo plantas procesadoras, fabricantes de envases y transportistas.

Los costos logísticos y financieros continuarán condicionando las ventas al exterior, por lo que la disputa política añade obstáculos innecesarios. Recomponer el vínculo bilateral exige una agenda concreta que permita sostener la producción local y el desarrollo de proveedores, más allá de otras afinidades internacionales del gobierno nacional.

FUENTE: La Nación