El desempeño del árbitro Nicolás Ramírez en el reciente superclásico generó fuertes cuestionamientos debido a decisiones desacertadas y a una marcada falta de control sobre el desarrollo del encuentro. Diversas acciones puntuales evidenciaron criterios dispares en materia disciplinaria y una dependencia excesiva de la tecnología.
Una de las jugadas más polémicas ocurrió cuando el delantero rival le ganó la posición al defensor central, quien lo derribó en una acción manifiesta de gol. Tras la intervención del VAR, el juez principal debió corregir su postura inicial y sancionar la tarjeta roja correspondiente.
Asimismo, la diferencia de criterio en jugadas similares generó reclamos por parte de los planteles. Mientras algunas infracciones violentas recibieron únicamente amonestaciones, otras acciones equivalentes derivaron en expulsiones directas, dejando al equipo perjudicado con inferioridad numérica en el tramo final del partido.
La utilización del sistema de videoarbitraje también fue cuestionada por la disparidad en la revisión de forcejeos dentro del área y jugadas divididas. El debate sobre la discrecionalidad arbitral vuelve a instalarse en el centro de la escena tras un clásico condicionado por fallos controversiales.
Fuente: Olé
