Con la llegada de la primavera y los días de mayor temperatura, muchas personas recurren a dietas muy bajas en calorías o restricciones severas para bajar de peso rápidamente. Sin embargo, estas prácticas suelen generar el efecto contrario al deseado debido a respuestas biológicas y psicológicas del organismo.

Los especialistas señalan que el hambre reprimida no desaparece, sino que se acumula y suele derivar en episodios de alimentación descontrolada. Este ciclo de restricción y atracón activa mecanismos de defensa en el cuerpo, como el aumento de la grelina, la hormona que estimula el apetito, y la disminución de la leptina, que indica saciedad.

Además, la prohibición de ciertos alimentos incrementa su atractivo en el cerebro a través del sistema de recompensa y la dopamina. La cultura de la dieta, sumada a factores emocionales como el estrés y la ansiedad, refuerza patrones de conducta basados en el pensamiento de todo o nada, donde un desliz se percibe como un fracaso total.

Reiterados episodios de restricción y recuperaciones de peso pueden generar adaptaciones metabólicas y hormonales, además de elevar el riesgo de desarrollar trastornos alimentarios. Los profesionales recomiendan modificar la relación con la comida para que deje de ser una fuente de culpa y estrés, y buscar acompañamiento profesional si esta dinámica afecta el bienestar general.

Fuente: Clarín Buena Vida