En el marco de la concientización sobre la salud mental, profesionales de la salud recuerdan que uno de los errores más frecuentes es asociar el bienestar únicamente con la felicidad constante. Las experiencias cotidianas incluyen momentos de miedo, frustración, incertidumbre y tristeza que forman parte de la vida real.
La médica psiquiatra Pía Lobo explica que una persona mentalmente saludable también atraviesa días difíciles, dudas o episodios de angustia sin que esto signifique necesariamente que exista una enfermedad. El verdadero indicador no es la ausencia de emociones displacenteras, sino la capacidad de atravesarlas sin desorganizarse por completo.
El impacto en la vida cotidiana
Para comprender la magnitud de un problema emocional, la especialista señala que se debe observar el funcionamiento de la persona y el impacto que genera en sus actividades diarias. Sentir ansiedad o tristeza es una respuesta coherente ante determinadas situaciones, pero requiere atención profesional cuando altera profundamente el sueño, el trabajo o los vínculos.
Evitar sistemáticamente las emociones para prevenir el sufrimiento suele generar un efecto paradójico, limitando las decisiones y condicionando la vida de las personas. Construir una salud mental sólida implica desarrollar recursos para habitar las dificultades y saber cuándo es necesario pedir ayuda.
FUENTE: Clarín
