El síndrome de intestino irritable afecta a casi uno de cada diez adultos en Argentina y se caracteriza por alteraciones en los hábitos evacuatorios asociadas con dolor o molestias recurrentes. Esta condición representa uno de los motivos de consulta más frecuentes en la práctica clínica y gastroenterológica dentro de los trastornos del eje cerebro-intestinal.
Un grupo internacional de expertos actualizó los parámetros clínicos conocidos como criterios de Roma, que llegan a su quinta versión. La nueva edición flexibilizó los requisitos establecidos en el periodo anterior, ya que los especialistas consideraban que el esquema previo resultaba demasiado restrictivo y dejaba fuera a un número importante de personas que presentaban síntomas compatibles.
Entre las principales modificaciones se destaca la reincorporación de la molestia abdominal como indicador válido para el diagnóstico, un concepto que había sido retirado en la versión de 2016. Además, se redujo la frecuencia exigida de los síntomas y se precisó que el dolor debe presentarse de forma intermitente para descartar patologías de origen orgánico.
Los profesionales señalan que el cuadro requiere una evaluación clínica exhaustiva para diferenciarlo de otras afecciones que comparten manifestaciones similares, como la celiaquía o la colitis microscópica. El abordaje terapéutico contempla desde el uso de fármacos específicos según el subtipo predominante hasta terapias complementarias enfocadas en reducir el impacto del estrés sobre el sistema digestivo.
Fuente: Clarín Buena Vida
