La producción lechera en Estados Unidos experimenta desde hace tres décadas un proceso de mayor escala y profesionalización. Aunque el rodeo nacional se mantiene estable en torno a los nueve millones y medio de animales, el rendimiento individual creció de forma sostenida hasta superar los veintinueve litros diarios por vaca en promedio.

En este contexto, complejos productivos de gran tamaño implementaron innovaciones tecnológicas para optimizar el manejo de efluentes. En un establecimiento con veinte mil vacas Holando ubicado entre Chicago e Indianápolis, el estiércol dejó de acumularse en lagunas tradicionales para ser procesado mediante biodigestores y plantas de recompresión mecánica de vapor.

El sistema permite generar biogás destinado a la producción de energía o combustible para transporte, además de separar fibras reutilizables como cama para los animales. El proceso también genera fertilizantes orgánicos líquidos y sólidos, junto con agua apta para riego y bebederos, lo que reduce las emisiones y evita la compactación de los suelos por el uso de camiones cisterna.

Este modelo tecnológico requiere una alta inversión inicial y está diseñado principalmente para grandes establecimientos, bajo esquemas donde firmas especializadas financian y operan las plantas. Si bien las escalas productivas difieren, la experiencia demuestra alternativas para valorizar los efluentes y mejorar la eficiencia en el sector lechero.

Fuente: La Nación